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Edición 144 - Cine

Shortbus: una visión de las nuevas sexualidades

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Carlos Mario Pineda E.
Desarrollo Artístico EAFIT
Medellín tiene condiciones diversas que confluyen de manera precisa en un ámbito como el cine: la tradición católica, con su perspectiva acerca de la sexualidad; la actual administración pública, con la posición ante el derecho de cada persona para asumir su sexualidad como aspecto esencial de su personalidad; el cine, que debido a la afortunada presencia de Luis Alberto Álvarez, le dio a la ciudad la opción de conocer aquellas películas con contenido sexual, que para el momento en el cual se realizaron y a pesar de la oposición clara de ciertos sectores sociales, se pudieron ver y a partir de ellas tener referentes que se ligan a lo actual.
Películas como El imperio de los sentidos (1976) de Nagisa Oshima o El último tango en París (1972) de Bernardo Bertoluci, rompieron con la asepsia de las imágenes de Hollywood en las cuales la sexualidad era in-sinuada con cámaras lentas, iluminación preciosista o en claroscuro, y planos en los cuales lo esencial eran los besos, que ya se habían permitido el contacto más allá de los labios, del interior de la boca, alguna mano que recorría la espalda y las piernas. Pero como si en el mundo en el cual se proyectaba estas películas, no se procreara, no había una relación entre lo genital y la sexualidad. No es gratuito que el final de la década de los 70s sea el momento en el cual, la pornografía se convierte en lo que la gente conoce hoy en día, a la par que Oshima ofrece perturbadoras posibilidades de la exploración sexual y la revista Penthouse produce Calígula (Tinto Brass, 1979) con algunos actores de reputación y sus modelos de la revista porno como extras.
De modo que, cuando Shortbus hace su aparición en la cartelera de la ciudad se esperaba una mirada con menos prejuicio. Sin embargo,  los medios nacionales tuvieron su cuota de repudio explícito, a una película cuyo valor cinematográfico es difícil de poner en entredicho. John Cameron Mitchel es un joven cineasta que tenía muy claro su proyecto: el argumento que necesitaba contar no podía estar sometido a las veleidades de los actores conocidos o reputados, por lo que sus protagonistas fueron elegidos por una minuciosa selección a partir de entrevistas, videos y reuniones, para que la autenticidad no tuviera fisura ninguna.
Aunque algunos directores se atreven a expresar que no tienen influencias, John Cameron devela sin temor las suyas, tan famosos y consagrados como: John Cassavetes, es el padre del cine independiente (underground) norteamericano, aquel que se hace fuera del férreo control de los productores de Hollywood; Robert Altman, quien era un irreverente que cuestionaba la hegemónica cultura norteamericana; Mike Leigh, el poeta nihilista y depresivo del actual cine británico; Federico Fellini se erigió en el cineasta sui géneris cercano a un surrealismo atípico; el cine de Martin Scorsese devela una conjunción entre religión católica y violencia (cosa que no significa la violencia de la iglesia); Woody Allen es el prototipo de cineasta genial con múltiples miradas sobre la sociedad neoyorkina; y finalmente, Jonathan Caouette, homosexual, representa la honestidad del documental familiar cargado de la ternura y el dolor de su madre, como personaje de su Tarnation. El dato acerca de la orientación sexual del director es relevante puesto que el propio Cameron Mitchel lo revela en las entrevistas y la película aborda esa faceta.
Shortbus es una mirada corrosivamente divertida sobre la vida contemporánea, en la cual la sexualidad -parece que por fin- no es la parte oscura, sucia y degradante del ser humano, sino un aspecto más, como leer, nadar o lavarse los dientes, que es en últimas, lo que su director deseaba. La propuesta visual es tan fresca como el abordaje del tema, empleando los recursos tradicionales ayudados de otros como el video y la animación. Desde la presentación en la cual la Estatua de la Libertad es “descubierta” en animación, por un travelling pasando por el montaje alterno de los personajes protagónicos, hasta la musicalización que es casi toda original, la película descubre a un director que tiene mucho para contar.
La presentación con los paralelos de varios personajes ejerciendo actividades transgresoras sirve como punto de inflexión, puesto que es el código claro que el espectador debe asumir: en palabras del cineasta: “En cuanto a mí, bueno, (…) Tuve una educación muy católica, incluso fui a un internado de monjes benedictinos en Escocia. Crecí en un ambiente militar, religioso, artístico, pero bastante fóbico hacia el sexo. Encima, yo era gay.” Con esas declaraciones -que no deben ser necesarias para ver la película- se puede hacer una aproximación a la carga emocional del argumento, ya que otro de los aspectos que resalta el propio director, es la honestidad de los personajes de algunos de los cineastas mencionados antes, entre los que se incluyen tres -Cassavetes, Altman y Leigh- que no consideran adecuado el sexo real y no simulado, en sus propias obras. Pero siendo consecuente con la decisión argumental, Cameron Mitchel decide que ese sea un aspecto central y no cuestionado del filme.
Si en Nueve canciones (Nine songs, 2004) Michael Winterbottom no le da cabida a la vida cotidiana más allá de la alcoba o de la desnudez de sus personajes (con excepción de los conciertos), o para Patrice Chéreau en Intimidad (2001) la sexualidad anónima se convierte en una crítica a la institución social, en Shortbus, la sexualidad explicita aparece como un dinamizador de las distintas facetas de los personajes.
Para quienes no diferencian entre la pornografía y el cine con escenas sexuales, los teóricos proponen una aproximación técnica precisa: “en el cine “serio” los encuadres y el montaje están a favor de la narración central, de manera que cuando aparecen las escenas sexuales, el espectador debe imaginar qué sucede; en la película pornográfica se privilegian los planos cerrados –close-ups, primeros planos- para centrar la atención con exclusividad en lo genital y el contacto, y el montaje se pone al servicio de la prolongación temporal exagerada, de un acto físico casi imposible en la mayoría de los seres humanos”.
Al final, la propuesta de este cineasta reconocido en todo el mundo, va más allá del resto de las nuevas películas sobre la sexualidad, debido a la capacidad de mezclar lo prohibido con lo más aceptado; lo trivial con lo profundo; lo tierno con lo cruel…
Shortbus devela que esas sexualidades de las que se habla hoy en Medellín, son realidades que existen en todo el mundo, y que presentadas a la par con las demás hechos cotidianos, redimensionan la sexualidad y a los seres que no ven en este aspecto lo más degradante cuando no sigue el canon establecido.


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ona comentó:
estoy totalmente de acuerdo con el articulo, además me parece muy interesante que se abran espacios en nexos para esta clase de cine y esta clase de temas. me ha parecido muy interesante y me invita a seguir leyendo y a participar con ustedes.

Jarvis comentó:
4379148459cbfec741f2f2738cc759d2 http://njdokj.info/9b75fa4d4c7c40f37da9786a19e6e728/4379148459cbfec741f2f2738cc759d2 http://njdokj.info/9b75fa4d4c7c40f37da9786a19e6e728/4379148459cbfec741f2f2738cc759d2 [url]http://njdokj.info/9b75fa4d4c7c40f37da9786a19e6e728/4379148459cbfec741f2f2738cc759d2[url]

Hugo Buitrago comentó:
Me parece interesante tu artículo. La mirada que haces de la sociedad contemporanea colombiana deja mucho al descubierto: la doble moral aun imperante, la importancia que siguen ejerciendo en la superficie los preceptos católicos en la sociedad (a pesar de haber desaparecido en el fondo), la importancia que sigue teniendo la mirada del otro (superyó) sobre el comportamiento cotidiano, ... en fin, esa mentalidad colonial que continúa cohartando las libertades del hombre "moderno". Los contextos son diferentes; New York es una sociedad postindustrial donde la individuacion está a la orden del día. Ese hombre posmoderno que vemos en shortbus es alguien que no tiene sobre si el ojo vigilante y acusativo de la sociedad, pues ni siquiera conoce a sus vecinos, no tiene grupos sociales (barrio, familia, etc); la secularización ha llegado a su máximo punto: la muerte de Dios. Entonces, comparar una metrópoli posmoderna, con una "ciudad" latinoamericana es comparar dos mundos casi diferentes; la ciudad latinoamericana sigue anclada en ideologías premodernas y coloniales que nos obligan a vivir un destiempo, a la vez que una simultaneidad de tiempos: es decir, estamos en un mundo postindustrial aunque nuestros países a penas están en via de industrialización; a la vez, al lado de las instituciones tradicionales como la familia y la iglesia, con toda su carga religiosa y conservadora, se abren paso hombres de ideologías posmodernas que tienen que enfrentarse a la premodernidad del día a día. Por otro lado, centrándome en la temática de la película, shortbus es un film que propone la deconstrucción de las categorías y la superación de las organizaciones binarias del mundo. Es decir, destruye el opuesto cuerpo/espíritu; para el director, el individuo es carne, al mismo tiempo que espíritu. sí la tradición católica oculta y condena el cuerpo, le pone la etiqueta de mundanalidad, el director exalta el cuerpo y lo une al espíritu para mostrarnos que ambos hacen parte de una misma cosa: el ser. También destruye la categoría heterosexual/homosexual, diciéndonos somos que somos seres sexuados. Así propone la desterritorialización de los flujos deseantes (salir de las categorías preestablecidas) para explorar el mundo por nuestra propia cuenta, como dicen en la película: "el mundo es un patio trasero que tienes en frente para divertirte". Entonces, explorar ese patio trasero implica explorarse a sí mismo y cuestionar la supuesta naturalidad de la vida cotidiana, entender que puedo estar en un extremo y la vez desplazarme al otro: convertirse en un anfibio que constantemente amplía su mundo, un anfibio que deja fluir la energía deseante de tal forma que es tocado por ésta, toca al otro, toca a todo el mundo y se vuelve permeable a la diversidad que nuestro pequeño patio nos ofrece: así, superamos los prejuicios que a diario imponemos sobre el otro, superamos los prejuicios que nosotros mismos aceptamos sobre nuestra carne y nos integramos a esa energía que fluye en el universo y nos funde a todos en cadenas infinitas de placer, lo cual pareciera ser la búsqueda de todos: el placer, el amor, la paz, el orgasmo, ¿detener el tiempo? Hugo Buitrago hug26chien@yahoo.fr Estudiante de lenguas modernas Universidad Pedagógica Nacional

jfyjyfsicif comentó:
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