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Edición 144 - Editorial De la virtualización del ocio |
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Lucas Velásquez P. Director NEXOS |
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Desde Onán hasta el cibernauta que pierde (o invierte, según algunos) su tiempo en Facebook, el ocio ha estado presente desde que existe un tiempo para cumplir con las obligaciones. Es precisamente el tiempo que queda por fuera del deber cumplido -o por cumplir- el que se emplea para realizar actividades deportivas, divertidas, ingeniosas o simplemente inútiles. En su tiempo de ocio, lector, puede leer líneas como estas o adelantar importantes proyectos paralelos a su vida profesional, que poco o nada tengan que ver con ella. El filósofo y matemático británico Bertrand Russell aseguró alguna vez que «el sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación». De ahí podemos concluir que el ocio tiene más de un uso posible, que puede resultar productivo o no para quien se dedique a emplear su tiempo en actividades diferentes a las rutinarias. La práctica de cambiar la forma de uso del tiempo puede ser pasiva si hay poca actividad del cuerpo y un gasto bajo de energía, o activa si el esfuerzo y la energía dedicados a ello son considerables. Hay un sinnúmero de actividades relacionadas a ambas «modalidades», si podemos usar esa palabra; como el coleccionismo, el teatro, el cine, los deportes extremos o la música. Hoy, con el auge de las herramientas informáticas, las redes sociales y la llamada «Web 2.0», el ocio ha adquirido una nueva dimensión: a pesar de pasar el tiempo frente a una pantalla, existen diferentes maneras de «estar» en un espacio virtual realizando tareas, funciones u observaciones variadas mediante servicios como YouTube, Facebook, Wikipedia, Meebo y, por qué no, Blogger. Todos ellos cumplen papeles distintos en la medida en que prestan servicios de naturalezas diferentes, que incluso podrían ser complementarios. Una de las áreas más afectadas (positiva o negativamente, dependiendo de quién hable del cambio) por esa virtualización del ocio ha sido la del periodista del siglo XXI: actualmente el público, que antes se constituía como la audiencia a la cual apuntaban los medios masivos y tradicionales (como la prensa, la radio y la televisión) está asumiendo el rol del periodista, pues supone que la facilidad y la posibilidad que le ofrecen estas herramientas para generar un contenido propio, ya le dan los criterios y el «poder» de publicar cualquier tipo de información sin la necesidad de pasar por el ojo avizor de un editor con formación en criterios éticos y periodísticos sólidos. Se ignoran o deforman los géneros periodísticos cuando la práctica del «ciudadano que hace periodismo» carece de una mirada crítica y analítica. El hecho de que una persona cualquiera, con o sin profesión, pueda tomar una fotografía con un celular mientras va de su casa a su oficina; el que pueda grabar un video en la calle o el que pueda publicar un texto cualquiera en un espacio de la web, no le da los elementos de depuración ni de profundización necesarios para presentar un hecho o noticia de manera que el público en general pueda entenderlo de la manera más clara y ágil posible. Esa forma pasiva de ejercicio del ocio puede resultar perjudicial para quienes buscan una información específica, pues hasta hace unos años el público que usaba Internet, por lo general, ingresaba a la red para ver qué había, sin trazarse unas metas u objetivos claros en relación con la información. Hoy, la dinámica es distinta: el cibernauta está buscando un elemento, una frase, una idea, un servicio, un producto específico que espera que un sistema informático le dé en el menor tiempo posible. En NEXOS estamos haciendo una lenta transición de lo impreso a lo digital, de acuerdo con las demandas del público lector en este siglo. Cuando celebramos nuestro vigésimo aniversario de labores ininterrumpidas, el pasado 13 de agosto, lanzamos un re-diseño de nuestro sitio web en www.eafit.edu.co/nexos, para permanecer en contacto con los lectores de otros sitios del mundo y contribuir, de alguna manera, con la práctica pasiva del ocio. Todos los artículos son susceptibles de ser comentados y continuamos trabajando para nutrir los contenidos del sitio web de manera que cada vez la información sea más completa y que usted, lector, pueda salirse de la rutina laboral, académica o de cualquier otra índole, no perdiendo el tiempo, sino informándose acerca de lo que pasa cerca o lejos de usted. Está claro que su opinión también es importante para nosotros.
matias comentó: es entero de malo Leonardo Valencia comentó: Veamos. En la historia el tema surge, con carácter de rigor, desde los griegos, para quienes el ocio no era, sólo, un tiempo de descanso para poder seguir trabajando - como lo es ahora -, sino más bien el objetivo de una vida feliz. Para los griegos clásicos las actividades dedicadas al ocio significaban paz, tranquilidad, estudio, investigación; por ello constituían la finalidad de la educación ejercitada en la escuela (sjolé) y los centros de formación. Para ellos, lo importante estaba en el ejercicio del ocio creativo más no en el negocio que representaba su negación (neg-ocio = no ocio) no en sentido de estar en contra del ocio sino aceptándolo tal vez como un complemento secundario. Así escribe Aristóteles en 'Política': « La naturaleza humana misma busca no sólo el trabajar correctamente, sino también la capacidad de emplear bien el ocio. Este es, una vez más, el fundamento de todo…» |
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