La juventud siempre ha sido criticada por los mayores: que mucha rumba, que mucho sexo, que poco estudio. Pero muchos jóvenes nos hemos dedicado a hacer periódicos en universidades. En cierta forma, somos líderes o por lo menos, personas que hemos tomado la iniciativa de manifestarnos, de llevar una vocería, de salirnos del montón, de luchar contra la cultura del silencio; mientras nos debatimos entre las contradicciones de qué es lo que se debe publicar, cómo sustentarlo y cómo ser objetivos sin pretender ser absolutos en ello. Actualmente en Colombia hay cientos de jóvenes dedicados a la locura de hacer periódicos. Algunos hemos surgido de los sueños, las ambiciones y las ganas de decir cosas en una sociedad de silencios prolongados. Pero muchos se estrellan contra un mundo que desperdicia la etapa universitaria, al olvidar o perder la conciencia social. Los periódicos universitarios de hoy no son sólo para comunicadores sociales, son sólo para estudiantes conscientes de que hacen parte de una sociedad a la cual tienen que aportar y de que su misión, es la de tomarle el pulso a la actualidad. Un diario es una academia; en él aprendemos a tener voz, a lidiar con la vida real, a fallar y a... acertar porque los sueños no se equivocan.
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